Cambiando el Rumbo - 1996
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ENTIDADES DE SERVICIOS FINANCIEROS
No es evidente para nadie que las entidades de servicios financieros realicen esfuerzos comerciales dirigidos a tareas relacionadas con el medio ambiento. Sin embargo si miramos con detenimiento algunos de los productos que de manera dispersa registran en sus balances, encontramos un conjunto de instrumentos prácticos que funcionan en esta dirección:
Las compañías de seguro, por la vía de protección de riesgos industriales, la salud y la calidad de vida de los trabajadores. Las Sociedades fiduciarias al administrar recursos con destinaciones específicas o prestar su servicio para canalizar fuentes de recursos hacia prácticas ecológicas. La Banca de inversión y la asesoría financiera al desarrollar proyectos de infraestructura y de racionalidad en el uso de los recursos naturales.
A nivel internacional es notoria la fuerza de grupos ecológicos en productos financieros que convocan ahorradores masivamente. Tal es el caso de algunos países europeos y de los E.E.U.U., donde se han constituido fondos privados o fondos de valores llamados "éticos" o "portafolios verdes" a través de un mercado activo de acciones, cuyo reglamento solo permite la adquisición de títulos valores de compañías no contaminantes, influyendo favorablemente en sus precios. Los fondos de pensiones igualmente, que administran importantes recursos de terceros tienen en muchos casos la obligación de invertir en empresas "verdes".
En nuestro medio los fondos de valores, fondos de inversión o de pensiones y cesantías administran recursos importantes, pero sus inversiones se concentran en renta fija sin mayores posibilidades de participar en un mercado accionario de hecho inexistente. Tal vez podría hacerse un énfasis en emisiones de bonos verdes por parte de entidades que dinamicen proyectos económicamente viables hacia el medio ambiente.
Igualmente se puede pensar en la calificación de las emisiones de deuda por parte de las sociedades calificadoras de riesgo, las cuales pueden aplicar un criterio ambiental (al igual que los administradores del crédito) al destino de los recursos de los distintos emisores, de tal manera que pondere conjuntamente con los demás elementos de análisis, una mejor calificación para aquellos programas de inversión que enfaticen lo ecológico.
Finalmente, es factible que sean las sociedades fiduciarias, por su capacidad de convocatoria, las primeras llamadas a impulsar actividades financieras que cumplan objetivos ambientales. La Fiducia Social sería el producto fiduciario que permitiría agrupar el interés y participación de varios agentes económicos en propósitos específicos. Los fondos de inversión, por ejemplo, con un plan de inversiones selectivas y bondadosas con el medio ambiente, rentables y con propósitos de dirigir aportes o donación de rendimientos a poyectos definidos podría ser una iniciativa con un impacto más ambiental que económico en un corto plazo, pero de una importancia económica incalculable en el largo plazo. Esto es especialmente importante en un país como el nuestro, que necesita instrumentos novedosos para la formación de un espíritu social solidario, y ante todo, para comprender que las decisiones del presente comprometen las generaciones futuras.